Diario Noticias (ver noticia completa)
por Eneko Astigarraga. Ciclista urbano, socio de CCCP y trabajador de Oraintxe
Llevamos mucho tiempo, demasiado, debatiendo sobre la política de gestión de la movilidad segura y de la accesibilidad universal de nuestras ciudades y llevamos también mucho dinero gastado, demasiado, tratando de ingeniar espacios seguros para los tránsitos urbanos a base más de repartirlos que de compartirlos. Carriles bici, parques, peatonalizaciones, carriles bus, zonas azules, aparcamientos subterráneos, rondas…, solo entendemos el espacio público compartimentándolo.Así nos alegramos de conquistas pírricas como los exiguos, retorcidos e inconexos carriles bici que se han implementado en nuestras ciudades, que más que aliviar, encajonan a los ciclistas en itinerarios imposibles y los ponen en peligro en cruces e incorporaciones. O como los metros de carril bus que más que conectar solo sirven de escapatorias puntuales para los autobuses atrapados en el tráfico. O como esas peatonalizaciones a modo de islotes aislados con fabulosos estrangulamientos que condicionan increíblemente los tránsitos a pie, muchas veces invadidos insolentemente por muchos ciclistas alegando refugio.
Y sin embargo, en medio de este panorama, nadie osa plantear ninguna dificultad a los automóviles que siguen campando a sus anchas, aparcando a discreción y condicionando la libertad y la seguridad del resto de ciudadanos que eligen otros medios para moverse. Nuestras ciudades continúan diseccionadas por grandes arterias a modo de autopistas urbanas que denigran a todo aquel que no elija un modo motorizado para desplazarse. Porque seguimos considerando que la utilización del automóvil es un derecho inalienable de todo ciudadano y ciudadana en una sociedad moderna y desarrollada, y seguimos fomentando un urbanismo y un modo de vida que nos hace dependientes de ese medio de transporte.