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por Eneko Astigarraga. Ciclista urbano, socio de CCCP y trabajador de Oraintxe
Leo con interés los artículos que se suceden prácticamente todos los días en la prensa relacionados con las bicis. Desde distintas perspectivas y con distintos talantes, todos ellos ponen de relieve la relevancia que ha ido adquiriendo la bicicleta en la ciudad y la falta de una lógica generalizada que agrade a todos, con el resultado invariable del cuestionamiento generalizado de las actitudes ciclistas, sean éstas las que sean.
Las bicicletas o, mejor dicho, las personas que utilizan la bicicleta, se ganan las críticas de todos: peatones, automovilistas y agentes de la ley, por su discrecionalidad a la hora de circular. Los que lo hacen por la carretera reciben la presión de algunos conductores que no entienden que la calzada no es exclusiva de los vehículos motorizados, los que conducen por las aceras se sienten incómodos en un espacio que no admitía usuarios mecanizados y son vilipendiados por muchos peatones, los que utilizan las vías exclusivas para ciclistas se quejan de la invasión permanente de las mismas, de su estrechez, de los diseños peligrosos, de la discontinuidad y de la desprotección en intersecciones e incorporaciones.